viernes, 19 de julio de 2019
Origen de los faraones ramésidas
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Los ramésidas y Horemheb,
Origen de los faraones ramésidas,
Por qué los ramésidas no incluyeron a los Hyksos en listas de reyes,
ramésidas e Hyksos
domingo, 7 de julio de 2019
Conspiración de Tutu y Aziru
Posibilidad de una larga conspiración amorrea
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| Amenhotep III |
El pueblo amorreo no siempre había sido la tribu seminómada de forajidos que era en la época de Tutankhamon. Antes habían llegado a dominar Mesopotamia y parte de Palestina. Sabían lo que era el poder. Y eran un pueblo guerrero, como prueba su actividad en la frontera oriental egipcia entre los reinados de Amenhotep III y Horemheb.
Un pueblo guerrero y con ansias de poder envía a uno de sus príncipes a estudiar a Egipto, donde el faraón podrá usarlo como "rehén" en caso de conflicto. Y resulta que, en ese momento, el joven faraón, que no tiene hermanos, está teniendo sólo hijas. Toda una tentación, una oportunidad histórica inigualable.
El príncipe amorreo es inducido por su padre Abdi-Ashirta a quedarse en Egipto, a jurar al faraón servirle hasta el fin de sus días. Así el faraón, que recela de enviar a sus hijas al extranjero, quizá le entregue una por esposa.
Los amorreos logran su objetivo, pero el faraón tiene un hijo varón. Y Tutu, el príncipe amorreo, también tiene un hijo, Aziru, y ruega al faraón que le permita enviarlo a Amurru, donde podrá reinar.
El faraón pierde a su hijo, pero tiene otro, el futuro Akhenaton, que dará grandes honores y riquezas a Tutu. Éste gozará de un poder que pondrá el destino de Egipto en sus manos. Tutu será el faraón efectivo mientras Akhenaton, el rey nominal, se dedica a ser un Ur-Maa más místico que el de Iunu.
Tutu hace todo lo posible para debilitar Egipto desde dentro y favorecer a Amurru desde fuera. Y, ya crecido y todo un guerrero, Aziru sucede a su abuelo Abdi-Ashirta y siembra el terror en Siria-Palestina, a la espera de la oportunidad de convertirse en faraón. Ésta tarda en llegar, pues Ay y Horemheb guardan como fieras al joven Tutankhamon.
La ocasión llega cuando el joven faraón sale a luchar por cuenta propia contra los hititas y muere en batalla. Es el momento para que Tutu, quizá desde un lugar oculto, escriba la fatídica misiva a Suppiluliuma, a quien la envía mediante el embajador Khani, su estrecho colaborador, ahora en el ajo. A la segunda carta, el rey hitita muerde el anzuelo. Las hordas subcontratadas por Aziru eliminan al príncipe hitita Zannanza y logran así provocar la guerra, en la que tienen previsto conquistar Egipto para Hatti y gobernarlo en vasallaje para Suppiluliuma. Ser faraón vasallo no está mal, comparado con ser rey de unas cuantas tribus de salteadores, y, a lo sumo, de parte de Siria (entonces no unificada).
Pero las cosas se tuercen por la peste. Mueren muchos hititas, incluso Suppiluliuma, y hay que abandonar la zona. Toda una "lástima" estratégica, pues quizá los amorreos ya se habían tomado la molestia de preparar una oportuna rebelión en Nubia para eliminar a Nakht-Min, y un buen plan para acusar a Horemheb de la muerte de Zannanza, de modo que el camino de Aziru al trono egipcio estuviera despejado.
Todo un argumento para una novela, del que no hay, por ahora, pruebas directas, pero al que se llega por eliminación al descartar las hipótesis fallidas hasta el momento (en las que la historiografía sigue insistiendo por falta de otras). Un argumento novelesco que podrá ser probado falso únicamente si surge una hipótesis alternativa que pueda ser probada por los datos arqueológicos, igual que han de ser sólo éstos los que conviertan, si se da el caso, la novela en historia.
miércoles, 3 de julio de 2019
Posible trampa amorrea a egipcios e hititas
¿Y si el autor de la carta a Suppiluliuma no fue una reina?
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| Cámara mortuoria de Tutankhamon. El faraón que oficia como sacerdote ante Tutankhamon-Osiris (derecha) es Ay. |
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| Ankhe-es-en-Amon (detalle del respaldo del trono de Tutankhamon) |
El
debate entre los egiptólogos que discuten sobre qué reina
pudo ser la Dahamunzu o reina egipcia viuda que mencionan los
textos hititas (para unos autores, Nefertiti; para otros, alguna
de sus hijas) podría tomar otro rumbo si resulta que quien
escribió a Suppiluliuma una supuesta petición de un príncipe
como futuro esposo de la reina viuda no fue precisamente una
reina.
La reina viuda no pudo ser Nefertiti, ya que al morir Akhenaton sí había herederos de éste para el trono, y la prueba es que reinaron. De haber querido casarse, Nefertiti habría podido hacerlo con su propio hermano Nakht-Min; no le hacía falta un príncipe extranjero, y menos de un pueblo que estaba en guerra contra Egipto. Además, hay indicios de que Nefertiti pudo haber muerto antes que Akhenaton (su rastro arqueológico desaparece antes de la muerte de su esposo).
Tampoco pudo tratarse de Merit-Aton, ya que, en su caso, quedaba Tutankhamon como heredero, y ella también tenía la opción de casarse con Nakht-Min, si es que ella no murió antes o a la vez que Smenkh-Ka-Re, víctimas ambos de un atentado. La momia de la tumba KV35 correspondiente a una joven, que ahora se cree que es la madre de Tutankhamon (quizá porque es su hermana y comparte con él la mitad del ADN) presenta grandes destrozos, algunos de los cuales tuvieron lugar antes de la muerte, lo que indicaría un asesinato. Por lo demás, la momia presenta un gran parecido morfológico con Nefertiti (por un tiempo se ha creído que era ella), pero es mucho más joven, por lo que podría tratarse de Merit-Aton.
La reina que más autores creen candidata a Dahamunzu es Ankh-es-en-Amon, viuda de Tutankhamon, ya que, en su caso, no hay hijos ni hermanos del faraón. Pero es raro que una reina egipcia que tiene al menos un tío, como Nakht-Min, o un general con el poder, la inteligencia y la belleza de Horemheb (quizá también, además, pariente lejano suyo) busque un consorte en el extranjero, y más en el país contra el que ha estado luchando su difunto esposo.
¿Un desesperado intento de lograr la paz entre Egipto y Hatti? Las circunstancias parecen sugerirlo, pero resulta que también hay discrepancias cronológicas que hacen altamente improbable (por no decir imposible) que Ankh-es-en-Amon sea la autora de la carta a Suppiluliuma. La más notable es que, si ella envió esa carta al morir Tutankhamon, el entierro tuvo lugar, tras el embalsamamiento, a los 70 días, y el viaje desde Egipto hasta Hatti tardaba dos meses de ida y dos meses de vuelta (y se sabe que hubo dos cartas, la primera rechazada y la segunda aceptada, con sus correspondientes respuestas). En tal caso, al llegar a su destino la primera carta, Tutankhamon ya estaba enterrado, pero resulta que Ay, que presidió el entierro ya como faraón, estaba coronado y tenía ya nombrado un sucesor o dos (Nakht-Min, y quizá Horemheb).
Se sabe que Ay y Horemheb tomaron medidas muy estrictas para que no faltase un sucesor legítimo en el trono de Egipto en caso de que Tutankhamon muriera sin descendencia. Siendo así, a nadie se le habría ocurrido escribir al rey hitita pidiéndole un príncipe. No es probable que Ankh-es-en-Amon sintiera ningún asco por su tío Nakht-Min, o siquiera por Horemheb. Y nadie le obligaba a casarse, ya que la reina principal habría podido ser igualmente Tey, la esposa de Ay, tal y como fue. De haber querido, de todos modos, casarse con un hijo de Suppiluliuma, habría tenido que renunciar al trono de Egipto y marcharse a Hatti. De otro modo, no le habría dado tiempo, ya que, mientras el mensajero llevaba la primera carta a Hatti, Ay ya habría sido proclamado faraón. La joven reina viuda tenía que saber que la idea de hacer faraón a un hitita no era realizable si había otros candidatos, simplemente por falta de tiempo.
Hay autores que sugieren que pudo ser Ay, en un gesto por conseguir un pacto de paz, quien se propuso que su nieta se casara con un príncipe hitita, que iba a sucederle a él como faraón, y, al ver que Zannanza había muerto, Ay tomó a su nieta por esposa. Quizá esta hipótesis sea menos improbable que las anteriores, pero Ay tenía dos sucesores directos, un hijo y un yerno. No le hacía falta buscar herederos fuera de Egipto. Y para obtener un tratado de paz, tal cosa, en principio, podría parecer una buena idea, pero no debemos olvidar que Ay era un viejo militar que sabía que los hititas, y particularmente Suppiluliuma, no habían demostrado ser muy respetuosos de los pactos ni de la familia a la hora de obtener el poder. Ni Ay ni Horemheb habrían podido tener esa idea, propia de un pacifista a ultranza o de alguien que no hubiera tenido experiencia militar con los hititas.
Además está el contenido de la supuesta carta. Ninguna de las reinas entre Akhenaton y Ay tenía por qué verse rebajada a casarse con un súbdito, como dice la presunta carta a Suppiluliuma, ni siquiera Ankh-es-en-Amon, ya que podía casarse con el faraón (su propio abuelo, como se cree que hizo), o con su tío Nakht-Min, que, de sobrevivir a su padre, habría sido el siguiente rey. De haber fallado todo, quedaba Horemheb, que sólo se habría casado con ella una vez coronado (ya no sería su súbdito).
Tutankhamon había otorgado el oro del honor varias veces a Horemheb, y, mientras el joven rey estuvo bajo la regencia de éste, es probable que Tutankhamon y su esposa supieran que Horemheb sería faraón a falta de descendencia suya o de Ay. No es probable que vieran como un simple súbdito a quien había sido nombrado príncipe heredero de toda la tierra de Egipto. Hasta es posible que, faltos de sus padres, los jóvenes hijos de Akhenaton amasen a Horemheb (quizá también su tío, descendiente de Tutumosis III). Y al ser coronado, Horemheb era todavía un hombre atractivo. No es probable, pues, que Ankh-es-en-Amon sintiera asco por él hasta el grado de preferir a un extranjero totalmente desconocido. al que nunca había visto y del que no sabía nada. Y aun en el caso improbable de que ella odiase a Horemheb, tenía a Nakht-Min, un pariente mucho más cercano y más hermoso que Horemheb.
Si nadie en Egipto tenía motivos personales ni políticos para pedir un heredero hitita para el trono faraónico, ello hace pensar en una trampa dirigida a eliminar un príncipe hitita para provocar a Suppiluliuma. Alguien deseaba la guerra. Y no era egipcio, ya que Egipto estaba en el peor momento político, militar, social y económico, tras la crisis post-amárnica, para lanzarse a una gran guerra.
La reina viuda no pudo ser Nefertiti, ya que al morir Akhenaton sí había herederos de éste para el trono, y la prueba es que reinaron. De haber querido casarse, Nefertiti habría podido hacerlo con su propio hermano Nakht-Min; no le hacía falta un príncipe extranjero, y menos de un pueblo que estaba en guerra contra Egipto. Además, hay indicios de que Nefertiti pudo haber muerto antes que Akhenaton (su rastro arqueológico desaparece antes de la muerte de su esposo).
Tampoco pudo tratarse de Merit-Aton, ya que, en su caso, quedaba Tutankhamon como heredero, y ella también tenía la opción de casarse con Nakht-Min, si es que ella no murió antes o a la vez que Smenkh-Ka-Re, víctimas ambos de un atentado. La momia de la tumba KV35 correspondiente a una joven, que ahora se cree que es la madre de Tutankhamon (quizá porque es su hermana y comparte con él la mitad del ADN) presenta grandes destrozos, algunos de los cuales tuvieron lugar antes de la muerte, lo que indicaría un asesinato. Por lo demás, la momia presenta un gran parecido morfológico con Nefertiti (por un tiempo se ha creído que era ella), pero es mucho más joven, por lo que podría tratarse de Merit-Aton.
La reina que más autores creen candidata a Dahamunzu es Ankh-es-en-Amon, viuda de Tutankhamon, ya que, en su caso, no hay hijos ni hermanos del faraón. Pero es raro que una reina egipcia que tiene al menos un tío, como Nakht-Min, o un general con el poder, la inteligencia y la belleza de Horemheb (quizá también, además, pariente lejano suyo) busque un consorte en el extranjero, y más en el país contra el que ha estado luchando su difunto esposo.
¿Un desesperado intento de lograr la paz entre Egipto y Hatti? Las circunstancias parecen sugerirlo, pero resulta que también hay discrepancias cronológicas que hacen altamente improbable (por no decir imposible) que Ankh-es-en-Amon sea la autora de la carta a Suppiluliuma. La más notable es que, si ella envió esa carta al morir Tutankhamon, el entierro tuvo lugar, tras el embalsamamiento, a los 70 días, y el viaje desde Egipto hasta Hatti tardaba dos meses de ida y dos meses de vuelta (y se sabe que hubo dos cartas, la primera rechazada y la segunda aceptada, con sus correspondientes respuestas). En tal caso, al llegar a su destino la primera carta, Tutankhamon ya estaba enterrado, pero resulta que Ay, que presidió el entierro ya como faraón, estaba coronado y tenía ya nombrado un sucesor o dos (Nakht-Min, y quizá Horemheb).
Se sabe que Ay y Horemheb tomaron medidas muy estrictas para que no faltase un sucesor legítimo en el trono de Egipto en caso de que Tutankhamon muriera sin descendencia. Siendo así, a nadie se le habría ocurrido escribir al rey hitita pidiéndole un príncipe. No es probable que Ankh-es-en-Amon sintiera ningún asco por su tío Nakht-Min, o siquiera por Horemheb. Y nadie le obligaba a casarse, ya que la reina principal habría podido ser igualmente Tey, la esposa de Ay, tal y como fue. De haber querido, de todos modos, casarse con un hijo de Suppiluliuma, habría tenido que renunciar al trono de Egipto y marcharse a Hatti. De otro modo, no le habría dado tiempo, ya que, mientras el mensajero llevaba la primera carta a Hatti, Ay ya habría sido proclamado faraón. La joven reina viuda tenía que saber que la idea de hacer faraón a un hitita no era realizable si había otros candidatos, simplemente por falta de tiempo.
Hay autores que sugieren que pudo ser Ay, en un gesto por conseguir un pacto de paz, quien se propuso que su nieta se casara con un príncipe hitita, que iba a sucederle a él como faraón, y, al ver que Zannanza había muerto, Ay tomó a su nieta por esposa. Quizá esta hipótesis sea menos improbable que las anteriores, pero Ay tenía dos sucesores directos, un hijo y un yerno. No le hacía falta buscar herederos fuera de Egipto. Y para obtener un tratado de paz, tal cosa, en principio, podría parecer una buena idea, pero no debemos olvidar que Ay era un viejo militar que sabía que los hititas, y particularmente Suppiluliuma, no habían demostrado ser muy respetuosos de los pactos ni de la familia a la hora de obtener el poder. Ni Ay ni Horemheb habrían podido tener esa idea, propia de un pacifista a ultranza o de alguien que no hubiera tenido experiencia militar con los hititas.
Además está el contenido de la supuesta carta. Ninguna de las reinas entre Akhenaton y Ay tenía por qué verse rebajada a casarse con un súbdito, como dice la presunta carta a Suppiluliuma, ni siquiera Ankh-es-en-Amon, ya que podía casarse con el faraón (su propio abuelo, como se cree que hizo), o con su tío Nakht-Min, que, de sobrevivir a su padre, habría sido el siguiente rey. De haber fallado todo, quedaba Horemheb, que sólo se habría casado con ella una vez coronado (ya no sería su súbdito).
Tutankhamon había otorgado el oro del honor varias veces a Horemheb, y, mientras el joven rey estuvo bajo la regencia de éste, es probable que Tutankhamon y su esposa supieran que Horemheb sería faraón a falta de descendencia suya o de Ay. No es probable que vieran como un simple súbdito a quien había sido nombrado príncipe heredero de toda la tierra de Egipto. Hasta es posible que, faltos de sus padres, los jóvenes hijos de Akhenaton amasen a Horemheb (quizá también su tío, descendiente de Tutumosis III). Y al ser coronado, Horemheb era todavía un hombre atractivo. No es probable, pues, que Ankh-es-en-Amon sintiera asco por él hasta el grado de preferir a un extranjero totalmente desconocido. al que nunca había visto y del que no sabía nada. Y aun en el caso improbable de que ella odiase a Horemheb, tenía a Nakht-Min, un pariente mucho más cercano y más hermoso que Horemheb.
Si nadie en Egipto tenía motivos personales ni políticos para pedir un heredero hitita para el trono faraónico, ello hace pensar en una trampa dirigida a eliminar un príncipe hitita para provocar a Suppiluliuma. Alguien deseaba la guerra. Y no era egipcio, ya que Egipto estaba en el peor momento político, militar, social y económico, tras la crisis post-amárnica, para lanzarse a una gran guerra.
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sábado, 29 de junio de 2019
Los ramésidas y Akhenaton
Los ramésidas y Akhenaton
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| Sarcófago de Ramsés con rostro parecido a Tutankhamon. Las orejas son de Akhenaton más que de Ramsés o Horemheb |
¿Damnatio memoriae?
Muchos egiptólogos coinciden en que, incluso si Horemheb no execró y borró la memoria de Akhenaton tan radicalmente como se suele creer, los ramésidas sí lo hicieron.
Es cierto que las expresiones de execración contra Akhenaton que se han hallado ("el Caído", "el Rebelde") datan de la época ramésida, pero ninguna de ellas pertenece a un faraón. Hasta ahora no ha aparecido expresión ninguna de condena o execración de Akhenaton en un documento oficial de un rey. Parece ser que los ramésidas se limitaron a ocultar que Akhenaton había reinado, pero no lo maldijeron ni condenaron de forma explícita, si bien tampoco persiguieron a quienes sí lo hacían.
La política ramésida respecto a Akhenaton parece haber consistido sólo en el olvido oficial, sin que por ello hubiera una censura a las expresiones contrarias del pueblo. Tal censura hubiera contribuido al recuerdo, precisamente al recuerdo negativo, que es justo lo que los faraones trataban de eliminar. Así, representaron la historia faraónica con Horemheb sucediendo a Amenhotep III, y con los reyes amárnicos ocultos en el reinado de Horemheb, como si sólo él hubiera reinado antes de Ramsés I. Según esta visión, si habían ocurrido cosas malas no era debido a ningún faraón, ya que fue precisamente el faraón (Horemheb) quien puso remedio al desorden.
Se suele decir que, como para los egipcios la muerte del recuerdo, del nombre y de la imagen era la muerte absoluta, la negación del más allá o el mismísimo infierno, Horemheb y los ramésidas impusieron a Akhenaton y su familia la peor de las condenas. Superficialmente, se ve así, y eso era lo que, con toda probabilidad, Horemheb y sus sucesores querían que el pueblo pensara, a fin de ocultar unos hechos que las multitudes jamás habrían sido capaces de comprender, y que, sin unas aclaraciones sólo al alcance de una minoría, hubieran socavado la autoridad de la institución faraónica.
Es cierto que los ramésidas no incluyeron a los reyes amárnicos en las listas de faraones (tampoco los antepasados hiksos de los reyes ramésidas figuran en ellas, por más que ellos se honraron de ser sus descendientes), que desmantelaron la mayor parte de sus monumentos y que no evitaron que algunos fueran vandalizados, pero hay pruebas de que, como Horemheb, los faraones ramésidas no consideraron malditos a los reyes amárnicos.
La religión ramésida
En el plano religioso, los reyes ramésidas, como los hiksos, dieron un gran énfasis al culto de Seth, pero no fue menor su devoción por Amón-Ra, uno de cuyos nombres es Itemu o Atum, y cuyo poder se manifiesta en el Iten o disco solar. El culto amoniano de la época ramésida apenas se diferencia, en el tipo de oraciones, himnos y y expresiones de devoción personal y colectiva, del culto de Akhenaton, salvo que, como antes de éste, la religión ramésida vuelve a servirse profusamente de imágenes y menciona individualmente como entidades personales todas las formas divinas. Éstas eran vistas por el clero y las élites intelectuales como atributos y cualidades personificados, cuando no hijos o creaciones, de la primera y única gran divinidad, pero la mayoría de la gente las veía como "dioses", cosa que Akhenaton vio como algo sumamente ilógico, un error a corregir.
Los faraones ramésidas eran semitas adoradores de Baal o Sutekh, también llamado Seth, que para los egipcios era el hijo de Geb, nieto de Shu y biznieto de Atón. No podían considerar, pues, una herejía el reconocer que todo procede de Atón. No obstante, ello no impidió que tuvieran que ocultar una verdad incómoda a las multitudes, que atribuían ciertos errores políticos de Akhenaton (que habían llevado al caos social) al abandono de los "dioses" tal como los concebía la cultura popular, basada en los cultos locales tradicionales. Ésta ignoraba la elaboración intelectual unificadora realizada por el alto clero, el cual no podía ( y en ciertos aspectos, como el económico, no le interesaba) imponer al pueblo un culto monoteísta declarado.
Pruebas de que los ramésidas no odiaban a Akhenaton
Se ha descubierto que los ramésidas también reutilizaron materiales de los monumentos de Akhenaton, y que no hicieron ascos a usarlos en templos. Como antes había hecho Horemheb, también Ramsés II rellenó pilonos de templos con talatat de Akhenaton. Si estos reyes hubieran pensado que Akhenaton era un hereje, alguien indigno de acercarse a un templo, jamás habrían ordenado tal cosa, ya fuera para no provocar la ira divina o para no tener al clero en contra o al pueblo dispuesto a una revuelta.
Luego está la cuestión de los nombres. El nombre de Setep-en-Re ("Escogido de Ra") fue usado por la práctica totalidad de los reyes ramésidas y también por muchos otros faraones de dinastías posteriores, egipcias o extranjeras de diversas procedencias. Los ramésidas tomaron de Horemheb el nombre de Setepenre, pero éste, curiosamente, había sido el de la menor de las hijas de Akhenaton y Nefertiti, y Horemheb se lo puso al lado de Djoser-Kheperu-Re, con el que había reinado Smenkh-Ka-Re. Probablemente, la mayoría de los faraones, especialemte los no ramésidas, que se llamaron Setepenre no eran conscientes de ello, pero esto quizá era también parte del plan de Horemheb, un recuerdo eterno en el olvido aparente. Por si no bastara lo anterior, hay entre los ramésidas un Akhenre (Siptah) y un Akhenamon (Ramsés VIII).
En cuanto a las imagenes de los reyes amárnicos, si no se han hallado reyes ramésidas con los rostros de los supuestos herejes, ello es, probablemente, porque ya se encargó Horemheb de poner su nombre a todo lo que no fue desmantelado o destruido. Sin embargo, no debería sorprender el hallazgo de estatuas, relieves, etc., con nombre ramésida y apariencia amárnica. Hasta ahora, sólo se conoce un féretro de madera, en el que fue enterrado por segunda vez Ramsés I, que tiene el rostro de Tutankhamon o Smenkh-Ka-Re y que se ha identificado recientemente con Horemheb, sin duda porque muchas estatuas y relieves de Horemheb son, en realidad, de Tutankhamon o incluso Akhenaton.
Luego está la cuestión de los nombres. El nombre de Setep-en-Re ("Escogido de Ra") fue usado por la práctica totalidad de los reyes ramésidas y también por muchos otros faraones de dinastías posteriores, egipcias o extranjeras de diversas procedencias. Los ramésidas tomaron de Horemheb el nombre de Setepenre, pero éste, curiosamente, había sido el de la menor de las hijas de Akhenaton y Nefertiti, y Horemheb se lo puso al lado de Djoser-Kheperu-Re, con el que había reinado Smenkh-Ka-Re. Probablemente, la mayoría de los faraones, especialemte los no ramésidas, que se llamaron Setepenre no eran conscientes de ello, pero esto quizá era también parte del plan de Horemheb, un recuerdo eterno en el olvido aparente. Por si no bastara lo anterior, hay entre los ramésidas un Akhenre (Siptah) y un Akhenamon (Ramsés VIII).
En cuanto a las imagenes de los reyes amárnicos, si no se han hallado reyes ramésidas con los rostros de los supuestos herejes, ello es, probablemente, porque ya se encargó Horemheb de poner su nombre a todo lo que no fue desmantelado o destruido. Sin embargo, no debería sorprender el hallazgo de estatuas, relieves, etc., con nombre ramésida y apariencia amárnica. Hasta ahora, sólo se conoce un féretro de madera, en el que fue enterrado por segunda vez Ramsés I, que tiene el rostro de Tutankhamon o Smenkh-Ka-Re y que se ha identificado recientemente con Horemheb, sin duda porque muchas estatuas y relieves de Horemheb son, en realidad, de Tutankhamon o incluso Akhenaton.
sábado, 25 de mayo de 2019
Las dos tumbas de Horemheb
Las dos tumbas de Horemheb
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| Pintura de la tumba tebana de Horemheb |
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| Relieve de la tumba menfita de Horemheb |
¿Por qué tantas tumbas?
el faraón Horemheb fue enterrado en la tumba tebana del Valle de los Reyes KV57. Pero en Menfis, en Sakkarah, hay una lujosa tumba del general Horemheb. Se sabe que es el faraón Horemheb por la serpiente (uraeus) que marca su realeza, añadida a la frente de sus imágenes en relieve. Además, la sospecha de que Horemheb es el Pa-Aten-em-Heb de Akhet-Aton añadiría una tercera tumba, en este caso, abandonada poco después de iniciar su construcción. Pero cerca de la tumba menfita de Horemheb hay la de otro Paatenemheb, cuya profesión (mayordomo y sacerdote, no militar) le excluye de ser el Paatenemheb amárnico y Horemheb.
Descartado el Paatenemheb menfita, el Paatenemheb de Akhet-Aton podría también excluirse por el importante cargo de Horemheb al mando de la región fronteriza palestina (el Camino de Horus) que no podría haber ejercido hasta llegar a gobernar todo el ejército si se hubiera quedado en Akhet-Aton, como hizo Paatenemheb. Esto deja, todavía, dos tumbas, la menfita y la KV57, para Horemheb
Se cree que Horemheb hizo construir la KV57 porque la tumba que tenía como general no era suficiente para un faraón. Pero en la tumba menfita de Horemheb, éste quiso dejar constancia de que era faraón. ¿Por qué, si no iba a ser enterrado allí?
Mut-Nedjemet en la tumba menfita
Una explicación de por qué Horemheb quiso dejar constancia de su realeza en su tumba menfita es que enterró allí a su primera Gran Esposa Real, Mut-Nedjemet, hija del faraón Ay, antes de tener construida la tumba KV57, cuando aún no existía el Valle de las Reinas.
Los prejuicios crean fantasías. Y el prejuicio de un Horemheb tiránico, surgido de la nada y con el poder como único objetivo en la vida ha llevado a imaginar la historia de que Horemheb despreciaba a su esposa, la maltrataba en extremo (murió joven, de parto, pero le faltaban casi todos los dientes), y finalmente, la hizo enterrar lejos de él.
Aun si el matrimonio de Horemheb con Mut-Nedjemet fue un mero trámite político, a Horemheb le interesaba tratarla lo mejor posible, al menos físicamente, para que le diera un hijo. A juzgar por una estatua de la pareja real con un niño, poco conocida por estar muy rota, parece que tuvieron un hijo varón, pero éste no llegó a la edad adulta. Los restos de Mut-Nedjemet revelan que murió de parto, tras varios alumbramientos o abortos anteriores. Es posible que tuviera varias niñas, pero, si hubo varones, no sobrevivieron.
Se ha escrito que, al no conseguir de ella un heredero, Horemheb mostró su desprecio relegándola a su tumba menfita. Pero, si eso fuera cierto, ¿por qué se tomó Horemheb la molestia de hacer esculpir la serpiente real en la frente de las efigies del vulgar marqués o simple general cuya espléndida tumba acogería los restos de su esposa? Si se trataba de castigarla, habría sido mejor un entierro barato y anónimo, o al menos dejar las imágenes sin la cobra real o uraeus, y que así Mut-Nedjemet pareciera la esposa de un particular y no una reina.
Se ha escrito que, al no conseguir de ella un heredero, Horemheb mostró su desprecio relegándola a su tumba menfita. Pero, si eso fuera cierto, ¿por qué se tomó Horemheb la molestia de hacer esculpir la serpiente real en la frente de las efigies del vulgar marqués o simple general cuya espléndida tumba acogería los restos de su esposa? Si se trataba de castigarla, habría sido mejor un entierro barato y anónimo, o al menos dejar las imágenes sin la cobra real o uraeus, y que así Mut-Nedjemet pareciera la esposa de un particular y no una reina.
En cuanto a la temprana falta de dientes de la soberana, pudo deberse a una enfermedad. Una gingivitis, quizá derivada de otro proceso infeccioso, como un dengue hemorrágico. Se ha hablado de avitaminosis, pero, salvo como consecuencia de una enfermedad, es poco probable en un miembro de la realeza, y menos en una mujer destinada a dar un heredero al faraón.
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Traición amorrea
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| Mapa de Amurru (Siria) |
Amurru, vasallo infiel de Egipto
El país de Amurru, a veces también llamado Hamor o Amor, era, en tiempos de Amehotep III, vasallo de Egipto. Sus gobernantes se habían sometido al faraón, quien, a cambio de ayuda militar y tributo, respetaba el gobierno de los príncipes locales a él sometidos, bajo la supervisión de gobernadores egipcios.
Pero los líderes amorreos fueron infieles y traidores al faraón durante el reinado de Akhenaton, llegando a aliarse en secreto con los hititas y ayudar a éstos a conquistar territorios que luego los amorreos fingían ante el faraón haber defendido contra los hititas. Un gobernador y varios embajadores egipcios fueron asesinados por los amorreos, que luego lo negaron.
Hubo destrucción e incendio de numerosas ciudades, extorsión y esclavización de poblaciones, secuestros, piratería, asalto a caravanas, robo del oro enviado por el faraón a otros reyes y muchas otras fechorías.
Posibles motivos de la traición
Es probable que ya en el reinado de Amenhotep III vieran los amorreos que Egipto se debilitaba por falta de herederos masculinos del trono. Amenhotep III había perdido a todos sus hermanos, y se le conocen tan sólo dos hijos varones, de los que uno murió siendo niño.
Dejando aparte que, con rey o con reina, el pueblo sería el mismo (no más fuerte ni débil), y que una reina, y más en Egipto, podía gobernar tan bien como un rey, la falta de herederos varones de la corona era peligrosa porque estimulaba y envalentonaba a los enemigos de Egipto, que pensaban que la ausencia de un faraón les facilitaría el derrotar a los egipcios. Egipto se volvía débil realmente cuando todas las naciones circundantes pensaban a la vez que lo era y actuaban en consecuencia.
Sin duda, quienes más vieron estimulado el deseo de atacar a Egipto fueron aquellos que contemplaban la posibilidad de conquistarlo desde dentro. Y entre éstos estaban probablemente los amorreos.
El ministro Tutu
Tutu gozó de un gran poder durante el reinado de Akhenaton, que confiaba plenamente en él. Fue ministro del Tesoro y de Asuntos Exteriores, y encargado de la correspondencia del faraón. Pero hay motivos para sospechar que traicionó a Akhenaton en favor de Amurru.
Hay autores que piensan que Tutu era hijo de Abdi-Ashirta, rey de Amurru. Eso explicaría en parte por qué consintió las fechorías de los amorreos y los engaños de éstos al faraón, y por qué éste parecía desconocer gran parte de los acontecimientos que estaban teniendo lugar en Siria-Palestina.
Ahora bien, si Tutu era hijo de Abdi-Ashirta, ¿por qué adquirió tantísimo poder en la corte egipcia? ¿A qué se debieron las excesivas libertades que se tomó Tutu y el insólito envalentonamiento amorreo?
Se desconoce quién fue la esposa de Tutu. La hipótesis de que pudo ser una hija del faraón, nacida de una esposa secundaria, daría un mínimo de lógica a ciertas actitudes de Tutu, que quizá albergó la idea de ser padre de un faraón. pero, si ése era el plan, ¿por qué no siguió portándose bien con la esperanza de ganar el trono por sus méritos? La clave pudo ser Aziru.
Lo anterior es sólo una hipótesis, tan descabellada como se quiera. Pero resulta que, sin ella, la conducta de Tutu y Aziru resulta disparatada y absurda. No es usual que alguien muerda la mano que le da de comer, y, si Tutu gozaba del pleno favor de Akhenaton, lo más lógico hubiera sido que hiciera todo lo posible por conservarlo, en vez de arrastrar la reputación del faraón por los suelos, dejando que los embajadores extranjeros se llevaran de él una imagen pésima (hacerles esperar largo tiempo de pie y expuestos al sol, envío de cajas vacías en lugar de oro, etc.), y eso por no hablar de consentir y ocultar las actividades criminales de Aziru. Todo ello tan sólo tendría una explicación coherente de haber un complot amorreo para hacer faraón a Aziru.
Tutu y Aziru
El rey Aziru de Amurru era hijo, según se cree, de Abdi-Ashirta. Se desconoce quién fue su madre. pero hay una carta en la que Aziru dice que su padre es Tutu. Generalmente, esto se tiene por un cumplido, pero la permisividad de Tutu para con Aziru sugiere que pudo haber algo más. Por otra parte, si Tutu era hijo de Abdi-Ashirta, ¿por qué Aziru no lo llama "hermano" en vez de "padre"? Quizá Tutu era el hijo mayor de Abdi-Ashirta, que debería haberle sucedido, pero no fue así porque Tutu se quedó en Egipto. Así, el hijo mayor de Tutu, Aziru, sucedería en Amurru a Abdi-Ashirta. Pero si la madre de Aziru era una hija del faraón Amenhotep III, Aziru podía esperar suceder a éste a falta de otro heredero.Lo anterior es sólo una hipótesis, tan descabellada como se quiera. Pero resulta que, sin ella, la conducta de Tutu y Aziru resulta disparatada y absurda. No es usual que alguien muerda la mano que le da de comer, y, si Tutu gozaba del pleno favor de Akhenaton, lo más lógico hubiera sido que hiciera todo lo posible por conservarlo, en vez de arrastrar la reputación del faraón por los suelos, dejando que los embajadores extranjeros se llevaran de él una imagen pésima (hacerles esperar largo tiempo de pie y expuestos al sol, envío de cajas vacías en lugar de oro, etc.), y eso por no hablar de consentir y ocultar las actividades criminales de Aziru. Todo ello tan sólo tendría una explicación coherente de haber un complot amorreo para hacer faraón a Aziru.
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martes, 21 de mayo de 2019
Nuevas hipótesis sobre Zannanza
Egipto y Amurru, nuevas hipótesis (II)
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| Estatua del rey hitita Suppiluliuma |
Posible explicación del asesinato de Zannanza
Cuando el rey hitita Suppiluliuma envió, en respuesta a una presunta petición de la reina viuda de Egipto, a un hijo suyo para convertirse en faraón casándose con ella, el príncipe Zannanza, hijo de Suppiluliuma, murió de forma inesperada, y los hititas culparon a los egipcios de asesinarle tras tenderle una trampa.
No se conoce la versión egipcia de esta historia, cuyas únicas fuentes son hititas. Para explicar la muerte de Zannanza, se dan varias posibilidades : accidente o enfermedad, ataque por salteadores, asesinos enviados por Ay, o por Horemheb, o por otro enemigo con intereses ocultos.
Un accidente es lo menos probable. Los hititas se hubieran dado cuenta, y, estando interesados en obtener el gobierno de Egipto, habrían enviado a otro príncipe en sustitución de Zannanza.
De haberse tratado de enfermedad, quizá los egipcios habrían sido acusados de brujería, pero los hititas les culpan de la muerte de Zannanza hablando como si se tratara de un asesinato, sin dar a entender nada que sugiera una intervención mágica. Se ha sugerido que la peste que los hititas contrajeron de prisioneros infectados en Amka, y que más tarde mató al propio Suppiluliuma pudo infectar la caravana de Zannanza; pero, en tal caso, los hititas se habrían dado cuenta, ya que no habría muerto sólo el príncipe y algunos guardias, sino mucha más gente, y probablemente se habría hablado de hechicería egipcia.
Un ataque por salteadores es más probable, pero no parecen ser salteadores corrientes. Sin duda el príncipe llevaba un buen acompañamiento militar, y, además, una vez en territorio egipcio, la policía del desierto vigilaba la zona. Si Zannanza hubiera muerto antes de entrar en territorio egipcio, los hititas no habrían culpado de ello a los egipcios.
¿Pudo estar interesado Ay en hacer asesinar a Zannanza? Ay era un hombre con una larga carrera militar, y sabía que Egipto estaba en una situación delicada en la que no interesaba enzarzarse en una gran guerra. Tanto si la reina viuda era Nefertiti, como creen algunos autores, como si era una de sus hijas, Ay tenía motivos para desear lo mejor para ella además de para Egipto, puesto que se trataría de su hija o nieta.
Ni Ay ni su hijo Nakht-Min podían ser el "súbdito" con el que supuestamente la reina viuda rechazaba casarse; una reina egipcia no vería como un plebeyo a su padre, hermano, abuelo o tío, y, dada la aceptación de la endogamia, no es probable que prefiriera a un extranjero desconocido mientras quedase familia. Hay autores que piensan que fue el propio Ay quien trató de obtener una alianza de paz con los hititas ofreciéndoles el trono y la reina. No hay suficientes datos para saber qué ocurrió exactamente, aunque resulta raro que Ay no casase a su hija o nieta con Nakht-Min, la forma más directa de ganar todos sin arriesgarse con un extranjero : de este modo Ay habría asegurado su descendencia en el trono, el país tendría un heredero fuerte y la reina se habría casado, según la costumbre, con un familiar (hermano o tío), todavía joven y, como muestran sus estatuas, muy hermoso.
Si Ay no quiso eliminar a Zannanza, ¿pudo ser Horemheb? Horemheb tenía los mismos motivos que Ay para no querer entrar en una guerra en plena crisis sucesoria, y menos tras los desórdenes que habían debilitado el país al final del reinado de Akhenaton. Horemheb era un hombre de gran inteligencia y un muy experimentado militar que no pudo cometer la estupidez de provocar a Suppiluliuma justo en el peor momento para Egipto.
Generalmente se cree que con Ay y Horemheb se agotan todas las posibilidades, y que, fuera de ellos y de vulgares bandidos, ya sólo queda la peste para explicar la muerte de Zannanza. Pero, ¿y si hubo un tercer grupo interesado en tender una trampa doble, que provocara a los hititas contra los egipcios? ¿Y si tal grupo tenía pensado conquistar Egipto para los hititas y obtener de éstos el gobierno de Egipto en recompensa? Sólo había que provocar a los hititas contra los egipcios y presentarse en el momento oportuno a ayudar militarmente a Suppiluliuma. Dada la zona, es raro que fueran los libios o los nubios. Más bien tendrían que ser palestinos o sirios. Y los sirios que mejor vigilado tenían Egipto eran los amorreos, que tenían un "topo" de la talla de Tutu, y se sabe que pactaron con Suppiluliuma. Si no fueron los amorreos, deberíamos preguntarnos a quiénes más podría haber beneficiado tender una doble trampa (a egipcios e hititas); en teoría, podrían ser muchos, pero uno con posibilidades de heredar el trono egipcio reduciría las opciones.
No se conoce la versión egipcia de esta historia, cuyas únicas fuentes son hititas. Para explicar la muerte de Zannanza, se dan varias posibilidades : accidente o enfermedad, ataque por salteadores, asesinos enviados por Ay, o por Horemheb, o por otro enemigo con intereses ocultos.
Un accidente es lo menos probable. Los hititas se hubieran dado cuenta, y, estando interesados en obtener el gobierno de Egipto, habrían enviado a otro príncipe en sustitución de Zannanza.
De haberse tratado de enfermedad, quizá los egipcios habrían sido acusados de brujería, pero los hititas les culpan de la muerte de Zannanza hablando como si se tratara de un asesinato, sin dar a entender nada que sugiera una intervención mágica. Se ha sugerido que la peste que los hititas contrajeron de prisioneros infectados en Amka, y que más tarde mató al propio Suppiluliuma pudo infectar la caravana de Zannanza; pero, en tal caso, los hititas se habrían dado cuenta, ya que no habría muerto sólo el príncipe y algunos guardias, sino mucha más gente, y probablemente se habría hablado de hechicería egipcia.
Un ataque por salteadores es más probable, pero no parecen ser salteadores corrientes. Sin duda el príncipe llevaba un buen acompañamiento militar, y, además, una vez en territorio egipcio, la policía del desierto vigilaba la zona. Si Zannanza hubiera muerto antes de entrar en territorio egipcio, los hititas no habrían culpado de ello a los egipcios.
¿Pudo estar interesado Ay en hacer asesinar a Zannanza? Ay era un hombre con una larga carrera militar, y sabía que Egipto estaba en una situación delicada en la que no interesaba enzarzarse en una gran guerra. Tanto si la reina viuda era Nefertiti, como creen algunos autores, como si era una de sus hijas, Ay tenía motivos para desear lo mejor para ella además de para Egipto, puesto que se trataría de su hija o nieta.
Ni Ay ni su hijo Nakht-Min podían ser el "súbdito" con el que supuestamente la reina viuda rechazaba casarse; una reina egipcia no vería como un plebeyo a su padre, hermano, abuelo o tío, y, dada la aceptación de la endogamia, no es probable que prefiriera a un extranjero desconocido mientras quedase familia. Hay autores que piensan que fue el propio Ay quien trató de obtener una alianza de paz con los hititas ofreciéndoles el trono y la reina. No hay suficientes datos para saber qué ocurrió exactamente, aunque resulta raro que Ay no casase a su hija o nieta con Nakht-Min, la forma más directa de ganar todos sin arriesgarse con un extranjero : de este modo Ay habría asegurado su descendencia en el trono, el país tendría un heredero fuerte y la reina se habría casado, según la costumbre, con un familiar (hermano o tío), todavía joven y, como muestran sus estatuas, muy hermoso.
Si Ay no quiso eliminar a Zannanza, ¿pudo ser Horemheb? Horemheb tenía los mismos motivos que Ay para no querer entrar en una guerra en plena crisis sucesoria, y menos tras los desórdenes que habían debilitado el país al final del reinado de Akhenaton. Horemheb era un hombre de gran inteligencia y un muy experimentado militar que no pudo cometer la estupidez de provocar a Suppiluliuma justo en el peor momento para Egipto.
Generalmente se cree que con Ay y Horemheb se agotan todas las posibilidades, y que, fuera de ellos y de vulgares bandidos, ya sólo queda la peste para explicar la muerte de Zannanza. Pero, ¿y si hubo un tercer grupo interesado en tender una trampa doble, que provocara a los hititas contra los egipcios? ¿Y si tal grupo tenía pensado conquistar Egipto para los hititas y obtener de éstos el gobierno de Egipto en recompensa? Sólo había que provocar a los hititas contra los egipcios y presentarse en el momento oportuno a ayudar militarmente a Suppiluliuma. Dada la zona, es raro que fueran los libios o los nubios. Más bien tendrían que ser palestinos o sirios. Y los sirios que mejor vigilado tenían Egipto eran los amorreos, que tenían un "topo" de la talla de Tutu, y se sabe que pactaron con Suppiluliuma. Si no fueron los amorreos, deberíamos preguntarnos a quiénes más podría haber beneficiado tender una doble trampa (a egipcios e hititas); en teoría, podrían ser muchos, pero uno con posibilidades de heredar el trono egipcio reduciría las opciones.
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